Tratamientos
Trabajamos con el abanico completo de técnicas quirúrgicas urológicas. La mejor para cada paciente depende de la patología, de la anatomía y de la situación clínica, no de cuál es la más moderna.
Trabajamos con el abanico completo de técnicas quirúrgicas urológicas. La mejor para cada paciente depende de la patología, de la anatomía y de la situación clínica, no de cuál es la más moderna.
El cirujano opera. El sistema le da precisión, visión tridimensional y una movilidad que la mano no tiene dentro del abdomen.
Conviene aclararlo primero porque genera confusión: el robot no opera solo ni decide nada. Es un instrumento bajo control permanente del cirujano.
El sistema funciona como una interfaz entre el cirujano, el instrumental y el paciente. El cirujano trabaja desde una consola ubicada en el mismo quirófano y comanda brazos articulados que sostienen los instrumentos dentro del cuerpo.
Sigue siendo cirugía: requiere anestesia general, tiene riesgos y un período de recuperación. Lo que mejora son las condiciones técnicas y el post-operatorio. Y no todo paciente ni toda patología es candidata; la indicación se evalúa caso por caso.
Es la plataforma robótica desarrollada por Intuitive Surgical, en Estados Unidos, y la de mayor difusión mundial en cirugía urológica. Su aplicación más extendida es la prostatectomía radical.
Una característica útil de las plataformas actuales es la posibilidad de conectar una segunda consola, lo que permite operar con dos cirujanos y le da valor docente al procedimiento.
Prostatectomía radical, nefrectomía parcial y radical, cistectomía y cirugía reconstructiva de la vía urinaria.
Los mismos procedimientos que la cirugía convencional, a través de incisiones de un centímetro.
Permite realizar cualquier cirugía convencional accediendo por cortes mínimos. Se colocan trócares —vías de acceso— por los que se introducen una óptica y el instrumental. El cirujano y sus ayudantes operan junto al paciente, guiándose por un monitor.
Las incisiones son de alrededor de 1 cm, con 3 o 4 trócares según el procedimiento, y el instrumental va de 5 a 12 mm.
En cirugía abierta, el campo lo ve el cirujano. En laparoscopía lo ve todo el equipo, en el monitor, al mismo tiempo. Eso cambia la dinámica del quirófano: permite trabajar de forma verdaderamente conjunta y tiene un valor formativo que la cirugía abierta no ofrece.
La óptica endoscópica trabaja con magnificación, lo que permite microcirugía y mayor precisión al identificar estructuras. Sumado a los sistemas actuales de sellado vascular, el control del sangrado es más fino que el que permite la visión directa.
Sigue teniendo indicaciones precisas. Saber cuándo es la mejor opción también es parte del oficio.
Implica una incisión en la piel para acceder directamente al sitio a tratar. Es la técnica de la que derivan todas las demás.
Tumores muy voluminosos, cirugías de rescate, anatomías alteradas por cirugías previas, situaciones de urgencia y casos donde la vía mínimamente invasiva no ofrece ventaja real.
La cirugía abierta enfrentó históricamente tres barreras: la hemorragia, el dolor y la infección. Las tres fueron resueltas por la evolución de la anestesia, los antibióticos y los dispositivos de control hemostático. La cirugía abierta de hoy es mucho más segura que la de hace treinta años.
Tiene dos ventajas que ninguna técnica reemplazó:
Más dolor post-operatorio, internación más prolongada, sonda vesical por más días, menor capacidad de control selectivo del sangrado y peor resultado estético. Son exactamente los puntos donde las técnicas mínimamente invasivas ganaron terreno, hasta igualar los resultados definitivos.
Una misma tecnología resuelve las dos patologías urológicas más frecuentes: la próstata obstructiva y los cálculos.
Es la técnica mínimamente invasiva de referencia para resolver los síntomas urinarios de causa obstructiva prostática.
Se accede por la uretra, sin ninguna incisión, hasta visualizar directamente la obstrucción: los lóbulos prostáticos agrandados que cierran la luz uretral. El láser permite cortar y coagular a la vez, lo que hace posible separar y extraer el tejido obstructivo en su totalidad.
El mismo generador fragmenta cálculos renales y ureterales de cualquier dureza, accediendo por la vía urinaria natural. El cálculo se pulveriza y se elimina con la orina, sin cortes.
Ver equipamientoUn cambio técnico discreto con una consecuencia concreta: menos sangrado.
En los procedimientos endoscópicos sobre vejiga o próstata —tomar muestras, resecar un tumor, extraer tejido prostático obstructivo— hace falta coagular para evitar la pérdida de sangre.
La resección convencional, monopolar, hace circular corriente eléctrica a través del cuerpo del paciente hasta una placa de retorno. La energía bipolar no: el arco eléctrico se produce entre dos electrodos, positivo y negativo, ubicados ambos en la punta del instrumento. El calor se genera únicamente ahí y produce la coagulación.
Al circunscribir la energía al punto de trabajo se evita el paso de corriente por el organismo, se reduce el sangrado innecesario y el cirujano trabaja con mejor visión del campo —lo que a su vez hace el procedimiento más preciso.
Fragmentar un cálculo desde afuera del cuerpo, de forma ambulatoria.
Un equipo genera ondas de choque que atraviesan los tejidos sin dañarlos y se concentran sobre el punto exacto donde está el cálculo. La energía lo fragmenta, y los restos se eliminan naturalmente con la orina en los días siguientes.
No hay incisiones ni endoscopía. Es un procedimiento no invasivo y bien tolerado.
Es ambulatorio: requiere unas horas de observación posterior y el paciente se retira caminando el mismo día.
No sirve para todos los cálculos. La indicación depende del tamaño, la ubicación y la dureza; los muy duros o muy grandes responden mejor a otras técnicas. Por eso es un tratamiento para casos seleccionados y no una alternativa universal.
Es normal tener molestias al eliminar los fragmentos en los días siguientes. Conviene consultar si aparece fiebre, dolor intenso que no cede o imposibilidad de orinar.
Llegar al riñón y a la vía urinaria por dentro, o por una punción de milímetros.
Agrupa todos los procedimientos urológicos que se realizan por orificios naturales o por incisiones mínimas. La cirugía sin cicatriz.
Para cálculos renales grandes o coraliformes que no pueden resolverse de otro modo. Se accede directamente al riñón por una incisión mínima en la espalda, de pocos milímetros. Cuando el cálculo es muy grande o muy duro, primero se lo fragmenta y después se extraen los pedazos.
Permite resolver en una sola sesión cálculos que por otras vías requerirían varios procedimientos.